4 de marzo de 2025

OPOELITERARIA. COMENTARIO FILOLÓGICO I.

 Estimados Opoeliteratas:

En esta entrada os paso el comentario filológico I extraído de un fragmento de la obra Libro del saber de astrología de Alfonso X el Sabio. 

Espero que os sea de ayuda.

Atentamente, 

Alejandro Aguilar Bravo. 


Nos encontramos ante un texto en prosa científica de Alfonso X el Sabio, perteneciente a su vasta producción astronómica y astrológica, integrada en el proyecto cultural desarrollado durante su reinado (1252–1284). El fragmento se inscribe en el marco de las obras de carácter didáctico-científico promovidas por el monarca, destinadas a la divulgación del saber cosmológico heredado de la Antigüedad clásica y de la ciencia árabe. El texto presenta una finalidad claramente explicativa y ordenadora, como se observa en la descripción simbólica de la Luna y en la disposición jerárquica de los planetas en esferas o “cercos”. Esta voluntad sistematizadora es característica del taller alfonsí, donde la ciencia se traduce y se fija en lengua romance para hacerla accesible.

Desde el punto de vista lingüístico, el texto está redactado en castellano alfonsí, variedad que Alfonso X eleva a lengua de cultura y de cancillería, desplazando al latín. La lengua responde al ideal del castellano drecho: clara, regular y normativizadora, aunque todavía conserva rasgos medievales propios del siglo XIII. Por tanto, el texto puede fecharse con seguridad en la segunda mitad del siglo XIII y atribuirse sin reservas a Alfonso X el Sabio, tanto por su contenido científico como por sus características lingüísticas.

El presente comentario filológico se realiza desde una perspectiva histórico-lingüística, tomando como marco teórico y metodológico los criterios expuestos por Rafael Lapesa en su Historia de la lengua española. El análisis atiende, por tanto, a los rasgos fonéticos, fonológicos, morfológicos y sintácticos que permiten caracterizar el texto, situarlo cronológicamente y adscribirlo a una etapa concreta de la evolución del castellano. Siguiendo el orden clásico del comentario filológico, se comienza con el plano fonético-fonológico, atendiendo en primer lugar al sistema vocálico y, posteriormente, al consonantismo, siempre con apoyo en ejemplos extraídos directamente del texto y con finalidad cronológica y caracterizadora.

El sistema vocálico que presenta el texto responde ya al modelo pentavocálico del castellano medieval (/a, e, i, o, u/), plenamente asentado en la época alfonsí. No se observan restos de vocalismo inestable propio de fases anteriores, lo que confirma un estado avanzado de fijación gráfica y fonológica, acorde con el proyecto normativizador de Alfonso X. Las vocales tónicas mantienen su timbre sin oscilaciones, como se aprecia en formas como Luna, figura, planeta, Saturno, Jupiter, Mars, Sol o Venus. Esta estabilidad vocálica es característica del castellano del siglo XIII y coincide con lo señalado por Lapesa como uno de los signos de consolidación del sistema romance frente a etapas anteriores más fluctuantes.

Uno de los rasgos más significativos del texto es la conservación sistemática de la vocal final, lo que indica que la apócope extrema, frecuente en los siglos XII y comienzos del XIII, se encuentra ya en claro retroceso. Aparecen formas como figura, planeta, cabeça, signos o casas, cuya presencia confirma la norma alfonsí, que rechaza la apócope por considerarla arcaizante y extranjerizante, y restablece la vocal final salvo en determinados contextos muy restringidos. No se documentan alternancias del tipo e / i u o / u en sílaba átona, habituales en períodos anteriores, como muestran las formas semejanza, vestida, cercos, segundo, tercero o quinto, que presentan una clara uniformidad gráfica. Este hecho revela un modelo lingüístico cuidado y consciente, propio de un texto elaborado en el escritorio regio.

El texto mantiene sin alteraciones tanto hiatos como diptongos, como se observa en semejanza, Aquario, Scorpio, Sagitario o Cancro. No aparecen fenómenos de reducción o simplificación vocálica, lo que refuerza el carácter culto y científico del fragmento. En conjunto, el vocalismo del texto responde plenamente a los rasgos del español alfonsí descritos por Lapesa: estabilidad del sistema, desaparición de la apócope extrema y regularidad gráfica. Estos elementos confirman tanto la datación en la segunda mitad del siglo XIII como la pertenencia del texto al proyecto de fijación lingüística impulsado por Alfonso X el Sabio.

El consonantismo del texto responde al sistema propio del castellano alfonsí del siglo XIII, caracterizado por la conservación de oposiciones fonológicas medievales y por la ausencia de los reajustes que se producirán en la Edad Moderna. El análisis de las consonantes permite confirmar la adscripción cronológica del texto y su pertenencia al modelo normativo impulsado por Alfonso X. En primer lugar, el texto conserva el sistema medieval de sibilantes, con distinción entre pares sordos y sonoros, rasgo fundamental para su datación. Dentro de las sibilantes dentales africadas, se mantiene la oposición entre la sorda /s̪/, representada por ç o c ante e, i, y la sonora /z̪/, representada por z. Esta distinción se observa claramente en cabeça, donde la grafía ç indica una africada sorda, frente a semejanza, en la que la z representa el valor sonoro. La conservación de esta oposición confirma que el texto es anterior al proceso de ensordecimiento general de las sibilantes.

Junto a estas, aparecen las sibilantes alveolares o apicoalveolares, igualmente diferenciadas por sonoridad. La s no intervocálica mantiene valor sordo, como en Saturno, Sol o Scorpio, mientras que en posición intervocálica adquiere valor sonoro, como se aprecia en casas, semejanza o vestida. Este comportamiento contextual de la sonoridad es característico del castellano medieval y se perderá tras el reajuste fonológico de los siglos XV y XVI.

En cuanto a las consonantes labiales, el texto muestra la neutralización gráfica entre b y v, fenómeno típico del castellano alfonsí. La grafía v aparece en palabras como Venus y vestida, pero no implica una articulación labiodental fricativa, sino que representa el fonema bilabial sonoro /b/. Esta confusión gráfica confirma el avance del proceso de unificación fonológica señalado por Lapesa para el siglo XIII. Las consonantes dentales presentan un comportamiento conservador, manteniéndose la -d- intervocálica en formas como vestida u ordenada, lo que indica que el proceso de debilitamiento y pérdida de esta consonante, característico de épocas posteriores, aún no se ha generalizado.

Respecto a las consonantes velares, estas aparecen representadas de forma regular mediante c, g y qu, como se observa en cercos, Cancro, Aquario y Scorpio. No se documentan aún fenómenos de fricatización ni confusión gráfica, lo que confirma un estadio anterior a la aparición del fonema fricativo velar /x/ del español moderno. Las consonantes palatales se hallan ya plenamente consolidadas en el sistema, destacando la presencia de la nasal palatal ñ en semejanza, grafía fijada desde el siglo XIII como resultado de la palatalización de grupos latinos en -nn-. Su uso confirma el grado avanzado de normalización gráfica del castellano alfonsí.

En lo que respecta a la consonante h, su comportamiento es coherente con la norma escrita alfonsí. La h carece de valor fonético y aparece únicamente como grafía etimológica o está ausente, mientras que se conserva la f- inicial latina sin aspiración. La ausencia de grafías aspiradas confirma que el texto responde a un modelo culto y normativizador, propio del escritorio regio. Por último, las consonantes líquidas y nasales presentan un uso estable y regular, sin confusiones ni neutralizaciones, y no se observan fenómenos de debilitamiento consonántico como la aspiración de s implosiva o la pérdida de consonantes finales.

En el texto se observa asimismo la indiferenciación gráfica entre u vocálica y v consonántica, así como entre i vocálica y iconsonántica, rasgos característicos del castellano medieval y plenamente vigentes en la época alfonsí. En el siglo XIII no existe todavía una especialización gráfica estable entre estas letras, de modo que la grafía u puede representar el valor vocálico, como en Luna, o el consonántico bilabial sonoro, como en Venus, vestida o Jupiter, sin que ello implique una distinción fonológica entre /b/ y /v/. Del mismo modo, la grafía i puede funcionar como vocal plena, como en figura, signos o Aquario, o asumir valor consonántico palatal equivalente a la y moderna, especialmente en posición inicial, como ocurre en Jupiter. Esta falta de diferenciación gráfica pone de manifiesto un sistema ortográfico aún no especializado, propio del español alfonsí del siglo XIII.

El consonantismo del texto muestra, en conjunto, un sistema completo, equilibrado y coherente con el español alfonsí, caracterizado por la conservación de oposiciones medievales, la ausencia de reajustes modernos y una clara voluntad normativizadora. Todos estos rasgos permiten identificar el texto como una muestra representativa de la lengua promovida por Alfonso X el Sabio en su proyecto de fijación del castellano como lengua de cultura.

El análisis filológico del texto permite afirmar con plena seguridad su adscripción a la época alfonsí, tanto por su contenido como por sus características lingüísticas. Desde el punto de vista histórico-cultural, el fragmento se inscribe en la prosa científica promovida por Alfonso X el Sabio, orientada a la divulgación del saber astronómico y cosmológico en lengua romance, dentro del proyecto de dignificación del castellano como lengua de cultura. En el plano fonético-fonológico, el texto presenta los rasgos definitorios del castellano del siglo XIII descritos por Rafael Lapesa: estabilidad del sistema vocálico, desaparición de la apócope extrema, conservación de la vocal final y ausencia de vacilaciones en sílaba átona. El consonantismo confirma esta datación mediante la preservación del sistema medieval de sibilantes con oposición de sordas y sonoras, la neutralización gráfica entre b y v, la indiferenciación entre u/v e i vocálica y consonántica, la conservación de la -d- intervocálica y la ausencia de fenómenos de debilitamiento propios de etapas posteriores.

Asimismo, la regularidad gráfica, la coherencia del sistema fonológico y la ausencia de reajustes modernos revelan una voluntad normativizadora consciente, característica del taller alfonsí y del ideal del castellano drecho. Estos rasgos sitúan el texto en un momento avanzado de la Edad Media, anterior a las transformaciones fonéticas y ortográficas de los siglos XV y XVI. Los datos lingüísticos analizados permiten, en definitiva, fechar el texto en la segunda mitad del siglo XIII y atribuirlo sin reservas a la época de Alfonso X el Sabio, como una muestra representativa del proceso de fijación y normalización del castellano medieval que marcará decisivamente la evolución posterior de la lengua española.

No hay comentarios:

Publicar un comentario