IRENE. — Al parecer, Luismi con la mochila, que es un riesgo innecesario y que si aparece otra vez con ella no lo van a dejar entrar. Tienen problemas. (Pausa). Se meten con él.
JAIME. — ¿Y qué te han dicho? (Irene no responde). ¿Te dieron algún nombre?
IRENE. — Es que no se trata de uno solo, sino del colegio entero.
JAIME. — ¿Cómo que el colegio entero? (Irene calla). ¿Eso qué significa?
IRENE. — Que en su clase nadie quiere sentarse a su lado, y si alguien se le acerca durante el recreo es para insultarlo o para pegarle. (Pausa). El pupitre que hay junto al suyo lleva vacío desde que empezó el curso. Según parece, es por la mochila, la de los caballitos. (Pausa).
JAIME. — A ver, explícate mejor. ¿Qué puede hacer una mochila con unos caballitos para que un colegio entero se ponga contra un niño de diez años?
IRENE. — Es que no son caballitos, Jaime. Son caballitos poni. (Pausa). Con los pelos de colores.
JAIME. — ¿Y? Irene, no me fastidies.
(Irene se da media vuelta y camina hasta la puerta de entrada al salón).
JAIME. — ¿Adónde vas?
IRENE. — Al cuarto de Luismi a por la mochila.
JAIME. — Si entras, se va a despertar.
IRENE. — Jaime, mañana eres tú el que se encarga de llevarlo al colegio. Cuando Luismi se levante, cogerá la mochila, querrá ir a la escuela con ella y, entonces, tú tendrás que decirle algo.
JAIME. — Mira, Irene: escúchame. En cuanto el niño se levante, hablo con él, le digo que se lleve otra y se acabó el problema, ¿de acuerdo?
(Irene, dando la espalda al retrato enmarcado del niño, mira atentamente algo en su móvil. La casa, un poco más oscura, parece que ha aumentado de tamaño. Entra Jaime, que se sienta en el sillón).
IRENE. — Volvieron a llamar esta mañana. (Silencio). ¿Recuerdas lo que hablamos anoche? Quedamos en que hablarías con él en cuanto se levantara y que probara a cambiar de mochila, ¿no?
JAIME. — Te prometo que se lo dije, pero me contestó que la necesitaba porque con ella se sentía mejor.
IRENE. — El director me contó que lo encontraron en el servicio de los chicos, con el pestillo echado y tirado en el suelo. Me ha pedido que, por favor, no vuelva al colegio Luismi con la mochila, que es un riesgo innecesario y que si aparece otra vez con ella no lo van a dejar entrar.
(En la pared, la imagen de Luismi luce un cuerno en la frente. La casa ha vuelto a perder algo de luminosidad y parece poco más grande. Jaime, nervioso, da vueltas en el salón. Irene se acerca).
IRENE. — ¿Lo han expulsado por pegar a un niño?
JAIME. — Lo tenían acorralado entre cinco. ¿Qué querías que hiciese? Le habían quitado la ropa, lo habían tumbado en el suelo boca abajo y querían pintarrajearle el cuerpo entero con insultos. (Irene no contesta). Luismi pegó una patada al aire y le dio a un niño. (Silencio). No fue buena idea obligarlo a ir a clase sin la mochila, Irene. Y menos que la tiraras a un contenedor.
IRENE. — Jaime, escúchame una cosa…
JAIME. — ¡No, escúchame tú a mí! (Irene se queda callada). Sinceramente, creo que tendríamos que haberle dejado ir a clase como le diese la gana y no hacer ningún caso a la profesora ni al director.
IRENE. — ¿Y que le siga pasando lo que hasta ahora? (Jaime no responde). ¿Que le sigan pegando?
JAIME. — ¿Y qué hacemos?
IRENE. — Pues deberíamos empezar a enseñarle lo que es normal y lo que no. Simplemente.
JAIME. — ¿Y qué sabemos nosotros de lo que es normal y lo que no es normal?
IRENE. — Yo lo único que quiero es que esté a salvo. El niño tiene derecho a conocer la verdad.
JAIME. — ¿La verdad? Y, según tú, ¿cuál es la verdad?
IRENE. — Decirle por qué le ocurre lo que le ocurre.
JAIME. — Por la mochila, ¿no?
IRENE. — ¡La mochila y esos ponis!
JAIME. — ¡Pues a él le encantan! ¿Y no creo que seamos nadie para decirle lo que tiene que llevar y lo que no! ¿Es que no te das cuenta de que esto le va a seguir pasando siempre y que los ponis no tienen nada que ver?
IRENE. — ¿Te da igual entonces que le peguen e insulten cada vez que salga a la calle?
JAIME. — ¡No, no me da igual, pero si odiar al diferente es ser una persona normal, no sé tú, pero yo no quiero que mi hijo sea una persona normal!
IRENE. — Esto es increíble… ¿Y qué quieres entonces? (Jaime no contesta). Si no quieres que sea normal, ¿qué es lo que quieres?
JAIME. — Ir a comprarle otra mochila. (Pausa). Igual que la que le tiraste
- Extrae la información. Actividad 1 - 4
- Interpreta. Actividad 6 - 12
- Reflexiona sobre la lengua. Actividad 13
- Relaciona con tu mundo. Actividad 18



No hay comentarios:
Publicar un comentario