En esta entrada os paso el comentario filológico de un fragmento del Auto de los Reyes Magos. Espero que os sea de ayuda.
Atentamente,
Alejandro Aguilar Bravo.
Nos encontramos ante un fragmento del Auto de los Reyes Magos, texto dramático religioso en verso, considerado la primera manifestación conservada del teatro en lengua castellana. El pasaje presenta un diálogo entre Herodes, los sabios y los rabíes, en el que se interroga sobre el nacimiento del Mesías y se alude a las profecías bíblicas. La finalidad del texto es claramente litúrgica y doctrinal, vinculada a la representación escénica en el ámbito eclesiástico durante la festividad de la Epifanía.
Desde el punto de vista del contenido, el fragmento recoge el momento en el que Herodes interroga a los sabios y a los doctores de la ley acerca de la veracidad de las noticias traídas por los Reyes Magos sobre el nacimiento de un nuevo rey. Los rabíes discuten entre sí y reconocen su desconocimiento de las profecías, lo que introduce una tensión dramática entre el poder político de Herodes, la sabiduría religiosa y la revelación divina.
El tema principal del fragmento es la búsqueda de la verdad revelada y la incapacidad de los hombres para interpretarla correctamente sin la intervención divina. Junto a este tema central aparece el conflicto entre poder y conocimiento, así como la oposición entre la ley humana y la profecía divina, elementos característicos del teatro religioso medieval.
En cuanto a la estructura, el texto se organiza en forma de diálogo dramático, con intervenciones breves y encadenadas que favorecen la oralidad y la representación escénica. Puede distinguirse una primera parte en la que Herodes interroga a los sabios, una segunda en la que los rabíes discuten y expresan su confusión ante las profecías, y una tercera en la que se reconoce explícitamente la ignorancia humana frente a la verdad divina. Esta estructura sencilla responde a la finalidad didáctica del texto y facilita su comprensión por parte del público.
Desde el punto de vista histórico-lingüístico, el fragmento se sitúa en el período prealfonsí, concretamente en el siglo XII, en una fase muy temprana del castellano escrito. La lengua del texto muestra una clara falta de fijación normativa, abundancia de rasgos arcaicos y una estrecha relación con la oralidad, lo que permite fecharlo con anterioridad al proyecto normalizador impulsado por Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII. El comentario filológico se orienta, por tanto, a demostrar esta adscripción cronológica a partir del análisis de los planos fonético-fonológico, morfosintáctico y léxico-semántico.
En el plano fonético-fonológico, el vocalismo del texto presenta rasgos característicos del castellano medieval temprano. Destaca de manera muy significativa la apócope extrema, fenómeno generalizado en los siglos XI y XII y que comenzará a retroceder progresivamente a lo largo del siglo XIII, especialmente a partir de la labor normalizadora alfonsí. En el fragmento aparece de forma reiterada en palabras gramaticales y pronominales, como non («Non entendes las profecías», v. 13; «¿Por qué non somos acordados?», v. 16; «¿Por qué non dezimos verdad?», v. 17), vos («Por veras vos lo digo», v. 9) y nos («nos somos erados», v. 15; «Porque no la havemos usada», v. 19). La frecuencia de estas formas confirma una cronología claramente prealfonsí, anterior a la reducción de la apócope que se observa en textos del siglo XIII avanzado.
El sistema vocálico no muestra aún una estabilización clara del modelo pentavocálico. Se conservan secuencias vocálicas sin reducción ni simplificación, como en traedes («¿Y traedes vostros escriptos?», v. 2), havemos («Porque no la havemos usada», v. 19) o profecías («Non entendes las profecías», v. 13), lo que refleja una pronunciación todavía cercana al latín y propia de las fases iniciales del romance castellano.
El consonantismo ofrece los rasgos más determinantes para la datación del texto. El fragmento conserva plenamente el sistema medieval de sibilantes, vigente desde los orígenes del castellano hasta el siglo XV. Se documentan sibilantes dentoalveolares africadas sonoras /d͡z/, representadas gráficamente por z, como en dezidme («dezidme la verdad», v. 5), dezimos («¿Por qué non dezimos verdad?», v. 17) y dixo («las que nos dixo Jeremías», v. 14). Estas formas muestran un fonema africado sonoro que desaparecerá con el proceso de ensordecimiento general de las sibilantes en los siglos XV y XVI, lo que permite situar el texto con seguridad en época medieval.
Junto a estas, aparecen sibilantes alveolares fricativas, sordas /s/ y sonoras /z/, con sonorización intervocálica, rasgo característico del castellano medieval. Se observa valor sonoro en usada («Porque no la havemos usada», v. 19) o vocas («ni en nostras vocas es falada», v. 20), frente al valor sordo en posición inicial o implosiva, como en sabido («si tú lo has sabido», v. 7) o escriptos («¿Y traedes vostros escriptos?», v. 2). Esta oposición fonológica se perderá tras el reajuste consonántico de la Edad Moderna.
Es igualmente significativa la conservación de la consonante labiodental fricativa sorda /f/ inicial procedente del latín, como en fallo («que no lo fallo escripto», v. 10), falada («ni en nostras vocas es falada», v. 20) y profecías (v. 13). La aspiración y posterior pérdida de la f- inicial comenzará a generalizarse a partir del siglo XIII, por lo que su mantenimiento pleno es indicio de una cronología temprana.
Se documenta asimismo la indiferenciación gráfica entre la bilabial oclusiva sonora /b/ y la labiodental fricativa sonora /v/, rasgo común a todo el castellano medieval. Aparece en verdad («dezidme la verdad», v. 5), vostros («¿Y traedes vostros escriptos?», v. 2), veras («Por veras vos lo digo», v. 9) y havemos (v. 19). Esta confusión gráfica no se resolverá hasta la Edad Moderna.
En el plano morfosintáctico, el texto presenta rasgos inequívocamente prealfonsíes. La morfología verbal conserva formas arcaicas como havemos (v. 19), traedes (v. 2) o dezidme (v. 5), que muestran una conjugación aún no regularizada. El uso de somos erados («¡Par mi ley, nos somos erados!», v. 15) refleja un participio con valor adjetival y una estructura muy próxima al latín, frecuente en el castellano medieval temprano.
Los pronombres personales presentan formas antiguas como vos y nos, visibles en vos lo digo (v. 9) y nos somos erados (v. 15). La colocación enclítica de los pronombres átonos, como en dezidme (v. 5) o m’han dicho (v. 6), es característica del castellano medieval y se irá restringiendo progresivamente a partir del siglo XIV.
Desde el punto de vista sintáctico, predomina una sintaxis simple y poco jerarquizada, basada en la yuxtaposición y la coordinación. Las interrogativas directas se encadenan sin nexos complejos, como en «¿Por qué non somos acordados? ¿Por qué non dezimos verdad?» (vv. 16–17), lo que responde a una lengua todavía muy cercana a la oralidad. La subordinación aparece escasamente y suele introducirse mediante el nexo polisémico que, como en «que no lo fallo escripto» (v. 10), rasgo propio del castellano medieval temprano.
En el plano léxico-semántico, el texto presenta un léxico fundamentalmente religioso y bíblico, coherente con su función litúrgica. Aparecen voces como rey, rabí, profecías, ley, verdad, escripto o Jeremías, muchas de ellas procedentes del latín eclesiástico o del ámbito bíblico. El término rabí constituye un hebraísmo que refuerza el carácter evangélico del texto y su fidelidad a la tradición bíblica.
Se documentan asimismo formas léxicas arcaicas como erados o enartado, que desaparecerán o se transformarán en etapas posteriores del castellano. La reiteración de términos relacionados con la verdad, la ley y la profecía subraya el carácter doctrinal del fragmento y es típica de los textos religiosos medievales.
En conjunto, el análisis de los rasgos fonético-fonológicos, morfosintácticos y léxico-semánticos del fragmento demuestra de forma concluyente que nos hallamos ante un texto del período prealfonsí, propio del siglo XII. La presencia de apócope extrema, conservación de la f- inicial latina, sistema medieval completo de sibilantes con oposición de sordas y sonoras, morfología verbal arcaica, sintaxis simple y léxico religioso permiten fechar el texto en una fase temprana del castellano, anterior a la normalización lingüística impulsada por Alfonso X el Sabio.

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