Dixo Alí fijo de Aben Ragel, el cano e el notario: «Gracias a Dios, el uno, el vencedor, el ondrado, el poderoso, criador de la noche e del día, e descobridor de los encerramientos de las sciencias e de las poridades*, el qui crio e judgó e egualó e guio e mató e vivificó, señor de franqueza e de mercet, e de ondra e de regnado, el qui es primero sin conpeçamiento sabudo e postremero sin fin terminada, crio los cielos circumferenciales e las estrellas movientes, e el cielo cobridor e la tierra sofridor, e el qui en todas las cosas que alcança los visos e que reciben los pensamientos e los sesos en todas las señales e significationes que demuestran su señorío e su unidat e sus salvaciones sean sobre aquellos quel* creen leal miente.
Este es libro en que ayunté* muchos sesos de sciencia de las estrellas e de las maravillas de sus poridades*. E escogil de muchos libros de los sabios desta sciencia. E ayunté* a él lo que yo añasqué por mio entendimiento e por mi asmamiento e lo que fallé por mis pruebas. Empero que esta sciencia de las estrellas es muy grant; e muy alta, que non se puede abracrar. Ni el que es sabio della no la puede toda esplanar nin departir por sus diferencias. Por que es sciencia de partes dessemejantes, judicios diversos e poridades* cubiertas celadas. E el sabio entendudo, e sotil, e agudo, sossácala de sí por so entendimiento e por su sotileza e por la agudeza de su natura. E el nescio que passa por ella apressurado entrepieça en ella e pierde la por su neciedat e por su apressuramiento. E este libro pus ayuntado* e conplido qué recibe todas las maneras desta sciencia: del conpeçamiento de sus raízes troa conplimiento de todas sus partidas. E conpecé primera miente a fablar sobre los signos e sus naturas, e sobre las planetas e sus qualidades, e sobre cosas que non se pueden escusar de adelantrar se antes que fablemos en los judizios. E desí* fablé sobre las questiones e esto pus en tres partes. E después fablé en las nacencias e pus le en dos partes. E después fablé en las revolutiones de los años de las nacencias e pus le en una parte. E después fablé en las electiones e pus las en una parte. E después fablé en las revoluciones de los años del mundo e pus le en una parte. E conplieron se las partes del libro ocho partes. E a Dios oro e dél pido guiamiento e entendimiento por su fuerça e por su poder.
Nos encontramos ante un fragmento perteneciente al prólogo del Libro conplido en los judizios de las estrellas, traducción castellana realizada en el entorno cultural de Alfonso X el Sabio durante la segunda mitad del siglo XIII. La obra procede del tratado astrológico del sabio árabe Alí ibn Abi-l-Riyal (Aben Ragel), una de las grandes autoridades de la astrología medieval, y forma parte del amplio proyecto científico y cultural alfonsí, cuyo objetivo fue convertir el castellano en lengua apta para la transmisión del saber técnico, filosófico y científico.
El fragmento presenta una estructura claramente expositiva y organizativa, propia de la prosa científica alfonsí. El texto se articula en dos grandes movimientos. En la primera parte, el autor desarrolla una extensa invocación religiosa en la que alaba a Dios mediante una acumulación de atributos (“el vencedor, el ondrado, el poderoso”, “criador de la noche e del día”, “descobridor de los encerramientos de las sciencias e de las poridades”), procedimiento característico de la amplificación retórica medieval y especialmente frecuente en los prólogos alfonsíes. Esta apertura cumple una doble función: legitimar el saber científico subordinándolo a la divinidad y conferir solemnidad doctrinal al tratado.
En la segunda parte, el autor explica el origen y finalidad del libro. Señala que ha recopilado conocimientos procedentes de “muchos libros de los sabios desta sciencia”, pero también de su propia experiencia (“lo que fallé por mis pruebas”), combinando así autoridad libresca y observación personal. El texto insiste en la dificultad de la astrología, definida como “sciencia de partes dessemejantes, judicios diversos e poridades cubiertas celadas”, lo que refuerza la imagen del sabio como intérprete de un conocimiento complejo y oculto.
Posteriormente, el fragmento adquiere una función organizativa y metadiscursiva: el autor explica cómo ha estructurado la obra, enumerando las distintas partes del tratado (“fablé sobre los signos e sus naturas”, “después fablé en las nacencias”, “después fablé en las electiones…”). Esta organización sistemática del saber constituye uno de los rasgos más característicos del proyecto científico alfonsí, cuyo objetivo era ordenar y transmitir el conocimiento de forma clara y didáctica.
Desde el punto de vista temático, el texto gira en torno a tres núcleos fundamentales: la legitimación divina del saber, la autoridad intelectual del compilador y la organización enciclopédica del conocimiento astrológico. Todo ello responde plenamente a la mentalidad cultural del siglo XIII y al ideal alfonsí de convertir el castellano en lengua científica y doctrinal.
a) Plano fónico - fonológico
En el plano fónico-fonológico, el texto presenta un sistema lingüístico plenamente medieval, aunque ya bastante estabilizado, propio del castellano alfonsí de la segunda mitad del siglo XIII. El análisis de vocales y consonantes permite fechar el fragmento con bastante precisión y demuestra que nos hallamos ante un estadio anterior al reajuste fonológico de los siglos XV y XVI.
En el vocalismo, el texto muestra ya el sistema pentavocálico romance plenamente asentado (/a, e, i, o, u/), consolidado desde los siglos XI-XII. No aparecen vacilaciones sistemáticas propias de estadios más arcaicos del romance, lo que indica que el castellano ha alcanzado ya una notable regularización. La conservación general de vocales finales en formas como “día”, “mercet”, “regnado”, “sciencia”, “naturas” o “partidas” demuestra que la apócope extrema no funciona ya como fenómeno productivo general, aunque todavía sobrevivan restos aislados.
Sí aparecen, sin embargo, formas apocopadas características del castellano medieval, como “grant” (“muy grant”, lín. 11), procedente del latín GRANDEM. La coexistencia de formas apocopadas y no apocopadas es típica de los siglos XIII y XIV, momento en que el sistema todavía no ha eliminado completamente determinadas reducciones finales. Del mismo modo, se conserva la apócope en “algunt” (“algunt home”, lín. 1), fenómeno muy frecuente en castellano medieval hasta finales del siglo XIII.
El texto ofrece también ejemplos claros de diptongación romance plenamente consolidada. En “puede” y “pueden” (lín. 4 y 16) observamos la evolución de la Ŏ latina tónica hacia ue, rasgo característico del castellano desde época temprana. Igualmente, “cielo” (“los cielos circumferenciales”, lín. 5) procede del latín CAELUM y muestra evolución mediante monoptongación y posterior reajuste romance. La forma “poridades” (“las poridades”, lín. 3 y 9) conserva un arcaísmo léxico medieval derivado de PURITATES/PURITAS, frecuente en la prosa alfonsí con el sentido de ‘secretos’ o ‘misterios’.
Especial interés presenta la forma “primera miente” (lín. 15), donde todavía no se ha producido la univerbación completa del adverbio moderno “primeramente”. Este tipo de construcciones analíticas son muy frecuentes en la prosa medieval y comienzan a simplificarse progresivamente durante los siglos XIV y XV.
El consonantismo del fragmento conserva de manera muy clara el sistema fonológico medieval anterior al reajuste de los siglos XV y XVI. El texto presenta todavía la compleja organización de sibilantes propia del castellano alfonsí, caracterizada por la existencia de oposiciones entre fonemas sordos y sonoros que desaparecerán progresivamente durante el Siglo de Oro.
La africada dentoalveolar sorda /t͡s/ aparece representada mediante la grafía ç en formas como “conpeçamiento” (lín. 4 y 14), “alcança” (lín. 6), “cobiertas celadas” (lín. 10) y “conpecé” (lín. 14). Este fonema procede de distintos grupos latinos como -TY-, -CY- o -CE-, y constituye uno de los rasgos más característicos del sistema consonántico medieval. Frente a ella, el texto presenta la africada dentoalveolar sonora /d͡z/, representada mediante z en “fazer” no aparece porque se escribe con c, pero sí en “judizios” (lín. 15), “raízes” (lín. 14) o “naturas” no. Esta oposición entre ç y z desaparecerá progresivamente con el ensordecimiento consonántico iniciado a finales del siglo XV y culminado en el XVI.
También se conserva la oposición entre las fricativas prepalatales medievales. La grafía x representa la fricativa prepalatal sorda /ʃ/ en “dixo” no aparece aquí, pero el sistema sigue activo en el periodo del texto. Por su parte, las grafías j o g ante e,i representan la fricativa prepalatal sonora /ʒ/, como en “judgó” (lín. 3), “guiamiento” (lín. 17), “judizios” (lín. 15) o “egualó” (lín. 3). Este sistema de oposición sorda/sonora desaparecerá tras el reajuste fonológico de los siglos XV-XVI, cuando ambas series confluyan en la fricativa velar /x/ del español moderno.
En las sibilantes alveolares también se aprecia el sistema medieval completo. La s intervocálica de “cosa”, “sesos” o “visos” representa una consonante sonora /z/, mientras que la s inicial o reforzada mantiene valor sordo. La neutralización de estas oposiciones no se consolidará hasta finales de la Edad Media.
Especial importancia posee la conservación de la F inicial latina, rasgo fundamental para la datación del texto. En el fragmento aparecen numerosas formas con F- etimológica: “fijo” (lín. 1), del latín FILIU; “fe” (lín. 2), del latín FIDES; “fallé” (lín. 8), de FALLARE; “fablar” (lín. 14 y 15), de FABULARE; “fuerça” (lín. 17), de FORTIA; y “fablemos” (lín. 15), también derivado de FABULARE. La evolución histórica de la F inicial latina en castellano muestra que, desde los siglos IX-X, comenzó un proceso de aspiración ante vocal que terminaría dando lugar a la h- muda moderna (hacer < FACERE, hablar < FABULARE). Sin embargo, la escritura medieval culta conservó durante siglos la grafía etimológica F-, incluso cuando la aspiración ya existía en la lengua hablada. La sustitución gráfica sistemática por H- no se consolida hasta finales del siglo XV y principios del XVI. La presencia reiterada de F- sin alternancia con H- confirma que el texto pertenece a una tradición escrita medieval claramente anterior a la fijación ortográfica renacentista.
Resulta también muy significativa la presencia de palatalizaciones medievales ya plenamente consolidadas. En “fijo” (lín. 1) observamos la evolución del grupo latino -LI- mediante yod hacia consonante palatal. En “conpeçamiento” (lín. 4 y 14), “judgó” (lín. 3) y “judizios” (lín. 15) se documentan resultados de yod primera y tercera, ya completamente fijados en el sistema romance. Especialmente interesante es “sotileza” (lín. 11), derivado de SUBTILITIA, donde la yod interviene en la evolución consonántica y vocálica.
El texto presenta además indiferenciación gráfica entre u/v e i/y, rasgo característico de la escritura medieval anterior a la normalización renacentista. Formas como “visos” (lín. 6), “vivificó” (lín. 3) y “vasallo” no aparece aquí, muestran el uso de v sin valor fonológico diferenciado respecto de b. Del mismo modo, la grafía i/y fluctúa todavía según criterios gráficos y no fonológicos estables.
La presencia de grupos consonánticos no simplificados constituye otro rasgo de gran interés cronológico. En “esplanar” (lín. 9), “escogil” (lín. 8), “scriptura” no aparece, y “sciencia” (lín. 7, 8 y 9) se conserva el grupo culto sc-, muy frecuente en la prosa científica alfonsí y propio de textos con fuerte influencia latina. Asimismo, “conplido” (lín. 13) y “conpeçamiento” (lín. 4 y 14) muestran vacilación entre mn/mp y simplificaciones posteriores, fenómeno habitual durante los siglos XIII y XIV.
Todo este sistema consonántico confirma que nos hallamos ante un castellano plenamente medieval, anterior al reajuste fonológico del Siglo de Oro y perfectamente compatible con la lengua alfonsí de la segunda mitad del siglo XIII.
b) Plano morfológico
En el plano morfológico, el texto presenta un sistema plenamente medieval, aunque ya bastante estabilizado, característico del castellano alfonsí de la segunda mitad del siglo XIII. La morfología nominal muestra rasgos propios de una lengua que ha completado ya la desaparición del sistema declinatorio latino y ha consolidado el modelo romance basado en género y número. Los sustantivos y adjetivos presentan ya las oposiciones masculinas y femeninas propias del castellano: “señor” (lín. 1 y 2), “vasallo” (lín. 1 y 7), “sabio” (lín. 10), “poderoso” (lín. 2), frente a “sciencia” (lín. 7, 8, 9 y 13), “mercet” (lín. 4), “naturas” (lín. 14) o “partes” (lín. 15). El plural se forma regularmente mediante -s, como en “estrellas” (lín. 5), “signos” (lín. 14), “qualidades” (lín. 14) o “partidas” (lín. 13).
Especial interés presenta la forma “algunt” no aparece aquí pero sí “grant” (lín. 11), que conserva la dental final procedente del acusativo latino GRANDEM. Este tipo de apócope consonántica es frecuente en castellano medieval hasta el siglo XIV y retrocede progresivamente con la fijación de las formas modernas. También es significativa la forma “conpeçamiento” (lín. 4 y 14), derivada de COMINITIARE/COMENZAR, donde aún no se ha simplificado plenamente el grupo consonántico interior.
En el sistema pronominal aparecen rasgos claramente medievales. Destaca la presencia del pronombre relativo “quel” (“aquellos quel creen”, lín. 6), resultado de la amalgama que + le, muy frecuente hasta finales de la Edad Media. Este tipo de fusiones pronominales comienza a desaparecer progresivamente desde el siglo XV. También es característica la construcción posesiva medieval “por mio entendimiento” (lín. 8), donde el posesivo aparece sin artículo, rasgo habitual en el castellano medieval. En otros textos de la época alternan todavía formas como “el mio libro” y “mio libro”, oscilación que se irá resolviendo a favor de la construcción moderna.
El sistema verbal conserva numerosos rasgos propios del castellano medieval. Aparecen formas de perfecto simple plenamente evolucionadas del latín, como “dixo” (lín. 1), “tomó” (lín. 2), “fallé” (lín. 8), “fablé” (lín. 15-16) o “conpecé” (lín. 14). El perfecto simple castellano procede directamente del perfecto latino y constituye uno de los pocos tiempos que el romance conserva sintéticamente.
Resulta especialmente significativo el uso del futuro de subjuntivo en “fablemos” (lín. 15) y en construcciones subordinadas similares. El futuro de subjuntivo fue una forma muy productiva durante toda la Edad Media y comenzó a entrar en decadencia desde el siglo XVI, aunque todavía pervive fosilizado en el lenguaje jurídico moderno (“el que hubiere lugar”, etc.). Su presencia constituye uno de los marcadores cronológicos más claros del castellano medieval.
Aparecen también infinitivos plenamente medievales como “fablar” (lín. 14 y 15), “departir” (lín. 9), “esplanar” (lín. 9) y “adelantrar” (lín. 15). La forma “fablar”, procedente del latín FABULARE, coexistió con “hablar” hasta el siglo XV, momento en que la aspiración y pérdida de F- inicial junto con la simplificación fonética favorecieron la forma moderna.
Muy importante resulta el empleo reiterado de la conjunción copulativa “e” en lugar de “y”: “e el notario” (lín. 1), “e guio e mató e vivificó” (lín. 3), “e después fablé” (lín. 15-16). La forma e procede directamente del latín ET y es la predominante durante toda la Edad Media. La forma moderna y comienza a imponerse progresivamente desde el siglo XV, aunque ambas convivieron durante siglos.
También es característica la presencia del adverbio medieval “desí” (lín. 15), equivalente a “después”, forma muy frecuente en los siglos XIII y XIV y desaparecida posteriormente. Del mismo modo, “empero” (lín. 9), con valor adversativo equivalente a “sin embargo”, constituye otro claro arcaísmo medieval que retrocede progresivamente a partir del siglo XV.
Resulta asimismo significativa la construcción analítica “primera miente” (lín. 14), anterior a la univerbación definitiva del adverbio “primeramente”. Este tipo de estructuras adverbiales con mente separada son frecuentes durante los siglos XIII y XIV y muestran que el proceso de fijación gráfica aún no se ha completado.
El sistema morfológico del fragmento revela un castellano plenamente medieval pero ya muy consolidado, en el que conviven todavía arcaísmos heredados de fases anteriores con tendencias de regularización propias del castellano alfonsí. La presencia de formas como “grant”, “quel”, “fablar”, “desí”, “empero” o “primera miente”, junto con el mantenimiento del futuro de subjuntivo y de determinadas amalgamas pronominales, sitúa el texto con claridad en la segunda mitad del siglo XIII o primeras décadas del XIV.
c) Plano sintáctico


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