20 de marzo de 2017

COMENTARIO CRÍTICO. NOTICIAS BASURA: A LA CARTA. MANUEL VICENT. 19/3/2017

POELITERARIA
PROPUESTA DE PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD
CURSO 2016/2017

NOTICIAS BASURA: A LA CARTA. 


Pese a que el estómago moderno se ve condenado a aceptar toda clase de comida basura, no por eso a la hora de digerirla deja de ser muy delicado, exigente y reactivo, cosa que no se puede decir del cerebro humano, un órgano increíblemente sofisticado, pero incapaz de rechazar la basura intelectual que recibe cada día. El estómago tiene en el olfato y en el gusto dos controles de entrada de los alimentos. Todo va bien si le gustan; en caso contrario el estómago te lo hace saber enseguida. La acidez y la indigestión constituyen sus primeras formas de rechazo, que pueden llegar al vómito o a la gastroenteritis cuando detecta un grave peligro de intoxicación. A su manera el cerebro humano también recibe gran cantidad de alimento intelectual deteriorado todos los días, pero carece de un mecanismo de autodefensa que le proteja del veneno que conllevan algunas ideas. Los múltiples e infames rebuznos de las redes sociales, las noticias tóxicas y manipuladas de los telediarios, la grumosa sociedad ambiental de la corrupción política que uno se ve obligado a respirar, los insoportables gallineros de algunas tertulias que llenan el espacio de opiniones estúpidas, si toda esa bazofia fuera comida, el estómago la vomitaría de forma violenta enseguida, pero he aquí que el cerebro la acepta de buen grado, la amasa con las neuronas, la hace suya y pese a ser tan letal ni siquiera reacciona con una ligera neuralgia o con un leve dolor de cabeza. El estómago podría servirle de ejemplo al cerebro. Comer poco, bueno y sano se ha convertido en una moda culinaria, casi en una forma de espiritualidad. También se puede aplicar al cerebro la dieta mediterránea para desintoxicarlo. He aquí la carta: una mínima dosis de noticias imprescindibles, un buen libro en la mesilla de noche, alguna serie de TV, música clásica y el móvil siempre apagado.

MANUEL VICENT, El País, 19/3/2017

1. Establece la organización de ideas del texto [Máxima puntuación: 1,5 puntos]
2. a. Elabora el resumen [Máxima puntuación: 1 punto]
2. b. Indica el tema de la composición.  [Máxima puntuación: 1 punto]
3. Realiza el comentario crítico [Máxima puntuación: 3 puntos]


1. Organización de ideas. 

Este texto periodístico de opinión está formado por un total de 3 ideas bien diferenciadas:

En la primera parte (1-10) se realiza una comparación entre dos órganos vitales, el estómago y el cerebro, los cuales comparten puntos en común, sin embargo el cerebro es incapaz de rechazar la basura intelectual que recibe cada día. 

En la segunda parte (10-17) se explican los motivos que pueden perjudicar nuestro cerebro, como es el caso de las tertulias inapropiadas, la corrupción política, etc… Sin embargo, en esta ocasión se afirma que el estómago rechazaría toda esta bazofia, en cambio el cerebro no, ya que poco a poco la iría haciendo suya. 

Por último, en la tercera parte (17-21) se expone una forma de “desintoxicar” a nuestro cerebro para evitar caer en los elementos negativos de la sociedad. 

2. b. Tema. 

Propuesta de un modelo para llevar una vida sana cultural.

2. a. Resumen.

A partir de la comparación de dos órganos vitales y necesarios como son el cerebro y el estómago, el ser humano está continuamente en contacto con una serie de sucesos (noticias sensacionalistas, tertulias chabacanas, sociedades sumergidas en la corrupción política) que hacen que lleven una vida perjudicial. Por ello, es preciso que nuestro cerebro se desintoxique de todo ello llevando una vida intelectual “sana”. 

3. Comentario crítico. 

Como se ha mencionado anteriormente, en este texto periodístico de opinión, Manuel Vicent nos ofrece una propuesta de vida sana a nivel intelectual, debido a que, poco a poco, y sin que nos demos cuenta, estamos en contacto de forma indirecta con una serie de hechos que nos perjudican, como son las continuas noticias relacionadas con la corrupción política (caso Bárcenas, caso Nóos, etc…), los programas televisivos insustanciales que han contribuido y contribuyen a denigrar la imagen de la mujer, como es el caso del programa “Hombres y mujeres y viceversa”, etc…

¿Somos conscientes de este continua e insistente oleada de información “tóxica” de las que estamos expuestos cada día? ¿influyen en nuestra vida diaria? ¿Han estando tan presentes en nuestras vidas que ya lo vemos como parte de nuestra rutina? Desgraciadamente, en la mayoría de los casos, sí. La contaminación a la que estamos sometidos diariamente nos está absolviendo poco a poco. Somos personas dependientes a los teléfonos móviles, solo escuchamos canciones comerciales que únicamente tienen ritmo, escasa o nula letra y, para colmo, denigrante para la mujer (solo tenemos que recordar el famoso caso de Maluma y sus cuatro “babys”), hemos dejado la lectura relegada a un tercer plano, puesto que ya muy poca gente está interesada en leer (salvo que publique una “novela” alguna famosilla, escrita, por supuesto, por un negro, en la que cuente sus más íntimas miserias)... 

Estamos contaminados, es cierto, pero aún podemos encontrar alguna solución, tal y como propone Manuel Vicent en su artículo. Tenemos que hacer caso a lo que nos ofrece y poner de nuestra parte: levantarte una mañana y salir a pasear por tu ciudad con tus amigos, ir a comer y tomarte una buena copa de vino disfrutando de una buena conversación sin ayuda de ningún dispositivo electrónico, echarte una siesta tras haberte leído algún episodio de tu novela de cabecera, escuchar alguna canción que tenga algún mensaje y sentido, desde las canciones de Joaquín Sabina, Pasión Vega o Carmen Linares, leer el poema XX de Pablo Neruda de su obra “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” sentado en la playa mientras va haciéndose de noche hasta que titilan, azules, los astros, a lo lejos. 

Así podría seguir y no parar. Pero, desde mi punto de vista, es una tarea complicada. La sociedad actual, una sociedad dependiente de sus nuevos dispositivos móviles, no quiere cambiar. Está cómoda desde su ignorancia. Prefieren seguir estando como están ya que eso sería complicarse su vida. ¿Para qué leer, si puedo conseguir un resumen del libro en tan solo un par de segundos? ¿para qué ir a la playa con los amigos, si puedo hablar con ellos con mi móvil en la piscina privada de mi urbanización? ¿Para qué escuchar música clásica si no se puede bailar? Solo me queda una opción. Ser el bicho raro, un animal en peligro de extinción, que prefiere disfrutar de la vida, aprender cada día, leer todo lo que caiga en mis manos, escuchar la letra de las canciones más profundas… Sí, quiero llevar una vida sana. 

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