23 de mayo de 2026

OPOELITERARIA. COMENTARIO FILOLÓGICO. FRAGMENTO: LIBRO DEL AXEDREZ, DADOS E TABLAS, DE ALFONSO X EL SABIO.

Estimadas Opoeliteratas:

Hoy, 23 de mayo, vamos a realizar el comentario del siguiente fragmento. Espero que os sea de ayuda la sesión de hoy. 

¡Ánimo, flores, que nos queda muy poco!

ENLACE: PRESENTACIÓN. Comentario filológico II


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COMENTARIO ELABORADO

Nos encontramos ante un fragmento perteneciente al Libro del axedrez, dados e tablas, obra promovida por Alfonso X el Sabio y vinculada a la prosa alfonsí de carácter científico y didáctico, adscribible, en principio, a la segunda mitad del siglo XIII, concretamente al periodo de consolidación del castellano como lengua de cultura dentro del gran proyecto intelectual alfonsí.

El texto presenta carácter narrativo y doctrinal y responde a una finalidad didáctica y moralizante. Desde el punto de vista histórico-literario, el fragmento se inserta dentro de la prosa alfonsí del siglo XIII, momento en que la lengua castellana comienza a consolidarse como vehículo de transmisión cultural, científica y literaria frente al predominio tradicional del latín. La intención comunicativa del texto es reflexionar sobre la relación entre el seso, la ventura y la cordura a través de un relato ejemplar, rasgo coherente con la tradición sapiencial y enciclopédica característica del proyecto cultural de Alfonso X el Sabio.

En cuanto al contenido, el fragmento presenta una estructura claramente narrativa y argumentativa. En un primer momento, se expone la situación inicial mediante la presentación de un rey de la India que apreciaba a los sabios y gustaba de escuchar sus razonamientos acerca de los hechos que sucedían en el mundo. Posteriormente, se desarrolla el debate entre los tres sabios, cada uno defensor de una postura distinta sobre la superioridad del seso, la ventura o la cordura, argumentando sus opiniones mediante razonamientos doctrinales y ejemplificadores. Finalmente, el texto concluye con la demostración práctica de cada postura a través de los juegos que presentan ante el rey —el ajedrez, los dados y el tablero—, culminando en la defensa de la cordura como equilibrio entre el seso y la ventura. El tema central del texto es la reflexión sobre la relación entre la inteligencia, la fortuna y la prudencia en la conducta humana, reforzado mediante un campo semántico relacionado con la sabiduría, el juego y el pensamiento doctrinal. La organización del contenido y la disposición del discurso permiten observar ya determinados rasgos característicos de la prosa sapiencial y didáctica propia del periodo alfonsí.


La fijación y datación del fragmento se apoya en el análisis de los distintos planos lingüísticos. En el plano fónico-fonológico, el sistema vocálico responde ya al modelo pentavocálico romance plenamente asentado, propio del castellano medieval consolidado desde los siglos XII-XIII, pues se conservan regularmente las vocales finales en formas como “sabios”, “razones”, “ventura”, “cordura” o “manera”, sin que aparezcan vacilaciones vocálicas extremas propias de estadios romances más arcaicos. Además, la presencia de formas como “seso”, “ventura”, “cordura” o “tablero” demuestra que el sistema vocálico castellano se encuentra ya claramente estabilizado y diferenciado del modelo latino originario.


Se conservan regularmente vocales finales en formas como “sabios”, “razones”, “ventura”, “cordura”, “tablero” o “manera”, lo que indica que la apócope extrema no funciona ya como fenómeno plenamente productivo en el sistema. Aparecen, sin embargo, restos de apócope medieval en formas como “much” en “much afincadas”, fenómeno frecuente entre los siglos XIII y XIV y característico de un estado de lengua todavía no plenamente regularizado. La presencia de esta forma apocopada demuestra que el castellano medieval conserva aún determinadas reducciones vocálicas heredadas de etapas anteriores antes de la fijación definitiva del sistema castellano clásico.

Se documentan también fenómenos de diptongación romance en formas como “tierra”, “fuesse”, “puede”, “fuera” y “juego”, donde observamos la evolución de Ĕ/Ŏ latina tónica a ie/ue, rasgo característico del castellano desde época temprana. Así, “tierra” procede del latín TERRA y presenta la evolución regular de Ĕ tónica > ie; “fuesse” y “fuera” muestran la diptongación de Ŏ tónica latina > ue a partir del verbo ESSE/FUISSE; y “juego”, derivado del latín IOCUS, refleja igualmente la evolución castellana propia de la Ŏ tónica latina. La presencia reiterada de estas formas demuestra que el sistema fonético castellano se encuentra ya plenamente consolidado y claramente diferenciado del latín vulgar originario.

Del mismo modo, aparecen formas arcaicas como “otrossí”, “algunt” o “much afincadas”, procedentes de evoluciones patrimoniales y formas medievales heredadas del latín vulgar, cuya evolución posterior dará lugar a las formas modernas “además/asimismo”, “algún” y “muy afincadas” o construcciones más regularizadas. Asimismo, formas como “complidamientre” o “ordenadamientre” conservan todavía estructuras adverbiales medievales no plenamente fijadas. Estas formas constituyen importantes indicadores cronológicos, pues reflejan un estado de lengua característico del castellano medieval anterior a la regularización morfológica y gráfica que se consolidará durante los siglos XV y XVI.


En el plano gráfico se aprecia la indiferenciación medieval entre u/v y entre i/y en ejemplos como “ventura”, “vevir”, “avié”, “oviesse”, “rey” y “muy”, fenómeno característico de la escritura anterior a la fijación ortográfica moderna. La neutralización fonológica entre determinados fonemas ya estaba muy avanzada entre los siglos XIII y XIV, aunque la representación gráfica continuó fluctuando hasta la Edad Moderna y no comenzó a regularizarse de manera más sistemática hasta las propuestas ortográficas de Nebrija a finales del siglo XV y la posterior fijación académica de los siglos XVII y XVIII.


El consonantismo conserva rasgos claramente característicos del periodo. La presencia de grafías como “fazié”, “razón”, “seso”, “otrossí” o “afincadas” demuestra que el sistema de sibilantes medievales continúa plenamente vigente.

La grafía ç representa la africada dental sorda /t͡s/, fonema característico del sistema de sibilantes medievales. En el fragmento aparece en formas como “faze”, “plazo” o “afincadas”, donde todavía se conserva la articulación africada propia del castellano medieval. Frente a ella, la grafía z representa la africada dental sonora /d͡z/, observable en ejemplos como “dizié”, “razones”, “fazié” o “jogar”, donde la sonoridad constituye el rasgo distintivo respecto de la serie sorda. La coexistencia diferenciada de ç y z demuestra que el sistema consonántico medieval mantiene aún viva la oposición entre africadas dentales sordas y sonoras, anterior al reajuste fonológico que culminará entre los siglos XV y XVI con la desaparición de la sonoridad y la simplificación del sistema.

Por otro lado, la oposición entre sibilantes alveolares sordas y sonoras también permanece vigente en el texto. La s simple intervocálica representa habitualmente la sibilante sonora /z/, como puede apreciarse en “cosa”, “razones”, “seso” o “cataron”, mientras que la s sorda /s̺/ aparece reforzada mediante la grafía ss en formas como “fuesse”, “oviesse”, “perdiesse” o “complidamientre”. Esta diferenciación gráfica refleja todavía la existencia fonológica de dos realizaciones distintas de la s medieval: una sonora intervocálica y otra sorda, oposición que desaparecerá progresivamente tras el reajuste consonántico bajomedieval.

La oposición entre las sibilantes prepalatales sordas y sonoras continúa plenamente vigente en el fragmento. La grafía x representa la fricativa prepalatal sorda /ʃ/, visible en formas como “aduxiesse”, “dixo” o “troxo”, mientras que la serie sonora aparece representada mediante j o g ante e, i con valor de fricativa prepalatal sonora /ʒ/, documentada en ejemplos como “jogar” o “juego”. Este sistema consonántico conserva todavía la diferenciación medieval entre fonemas sordos y sonoros, anterior al reajuste fonológico de los siglos XV y XVI, proceso por el cual ambas series acabarán confluyendo y evolucionando hacia el sonido velar fricativo representado modernamente por j.

Especial relevancia posee la conservación de la F inicial latina en formas como “fazié”, “faze”, “fuesse”, “fallare” o “afincadas”, procedentes de los étimos latinos FACERE, FUISSET, FALLĔRE o AFFINICARE. Aunque la aspiración de F- comenzó ya desde época temprana en determinadas áreas romances y acabará originando la h- muda del castellano clásico en palabras como hacer o hablar, la escritura medieval mantuvo durante siglos la grafía etimológica heredada del latín. Por ello, la presencia reiterada de F- inicial constituye un importante rasgo cronológico característico del castellano medieval anterior a la fijación ortográfica moderna.

También aparecen fenómenos de yod y palatalización en formas como “mejor”, “juego”, “consejo” o “fechos”, donde observamos la evolución de grupos latinos como -LY-, -CUL-, -TIONE o -CT-. Así, “mejor”, procedente del latín MELIOREM, refleja la palatalización producida por la yod; “juego”, derivado del latín IOCUS, muestra la evolución romance propia del castellano; “consejo”, procedente de CONSILIUM, presenta igualmente un proceso de palatalización característico del romance medieval; y “fechos”, derivado de FACTUM, constituye un claro ejemplo de evolución del grupo latino -CT- > -ch-, uno de los resultados más representativos de la yod en castellano medieval. Estos fenómenos muestran un sistema romance ya consolidado y claramente diferenciado del latín, aunque todavía anterior a determinadas regularizaciones posteriores.

En el plano morfológico, el texto presenta rasgos característicos del castellano medieval. En la morfología nominal destacan formas características como “omne”, procedente del latín HOMINEM, que conserva una evolución patrimonial anterior a la fijación moderna de la forma “hombre”. También resultan significativas abstracciones y sustantivos doctrinales como “ventura”, “cordura”, “razones”, “seso” o “pro”, muy frecuentes en la prosa sapiencial y didáctica medieval y vinculados al pensamiento moral característico del periodo alfonsí. Asimismo, aparecen formas apocopadas como “much” en “much afincadas”, rasgo característico de un sistema morfológico todavía no plenamente regularizado.

Destaca igualmente la presencia de construcciones como “quel”, “della” o “dello”, frecuentes entre los siglos XIII y XIV y propias de un sistema pronominal medieval aún no fijado completamente. El sistema verbal conserva formas medievales en ejemplos como “avié”, “tenié”, “valié”, “podrié”, “oviesse”, “fuesse” o “sopiere”, donde aparecen tiempos y estructuras heredados directamente del latín o todavía plenamente activos en la lengua medieval, especialmente los imperfectos en -ié y determinadas formas de subjuntivo medieval. Se documentan además fenómenos de enclisis pronominal en construcciones como “guardarse omne”, “ayudarse della”, “fueron se” o “mandoles el rey”, así como amalgamas y construcciones propias del castellano antiguo.


El sistema verbal conserva formas medievales en ejemplos como “avié”, “tenié”, “valié” o “podrié”, imperfectos de indicativo característicos del castellano medieval con terminación en -ié, anteriores a la regularización moderna en -ía. Asimismo, aparecen formas de subjuntivo como “oviesse”, “fuesse”, “sopiere” o “esquivara”, donde se conservan paradigmas verbales plenamente activos en la lengua medieval. Especialmente significativa resulta la presencia de formas en -sse, muy frecuentes entre los siglos XIII y XIV, así como de subjuntivos en -ra, todavía no plenamente especializados funcionalmente. Estos tiempos y estructuras verbales proceden directamente de la evolución del sistema verbal latino y constituyen importantes marcadores cronológicos del castellano medieval. Se documentan además fenómenos de enclisis pronominal en construcciones como “guardarse omne”, “ayudarse della”, “fueron se” o “mandoles el rey”, así como amalgamas y construcciones propias del castellano antiguo como “quel”, “della” o “dello”.

Resultan también significativas formas como “algunt”, “grant”, “much afincadas” o “complidamientre”, cuya evolución posterior dará lugar a las formas modernas “algún”, “gran”, “muy afincadas” y “cumplidamente”. Asimismo, formas como “vevir” evolucionarán hacia “vivir”, mediante procesos de regularización gráfica y fonética propios del castellano clásico. La presencia de estos rasgos demuestra que el sistema morfológico aún no ha alcanzado la fijación moderna y conserva estructuras y variantes características del castellano medieval anterior a la normalización lingüística de los siglos XV y XVI.

Resulta igualmente significativa la forma apocopada “much” en “much afincadas”, rasgo característico del castellano medieval. Esta forma procede del latín MULTUM y constituye una variante apocopada de “mucho”, muy frecuente entre los siglos XIII y XIV, especialmente ante sustantivo o adjetivo. La conservación de esta apócope demuestra que el sistema morfológico y fónico medieval aún no se encontraba plenamente regularizado y mantenía numerosas alternancias entre formas plenas y abreviadas. Este fenómeno, habitual en la prosa alfonsí y en otros textos medievales, irá retrocediendo progresivamente a partir del siglo XV con la fijación de las formas modernas del castellano.

Es llamativa la presencia de la forma “omne”, procedente del latín HOMINEM, que constituye un arcaísmo característico del castellano medieval. Esta voz refleja un estadio evolutivo anterior a la fijación de la forma moderna “hombre”, pues todavía no se ha producido plenamente la epéntesis consonántica de /b/ que dará lugar a la solución castellana definitiva. Desde el punto de vista histórico-lingüístico, “omne” representa una evolución patrimonial propia de los siglos XIII y XIV y funciona como un importante marcador cronológico del texto. Además, su empleo en el fragmento posee un valor semántico generalizador y doctrinal, equivalente a “ser humano” o “cualquier hombre”, rasgo muy frecuente en la prosa sapiencial y didáctica medieval. La presencia de esta forma demuestra que el sistema léxico y morfológico del castellano aún no ha alcanzado la regularización propia del español clásico y conserva todavía numerosas variantes heredadas directamente del latín vulgar.

En el plano sintáctico, el fragmento presenta una organización característica de la prosa alfonsí y de la sintaxis medieval de carácter explicativo y doctrinal. Predomina la coordinación mediante la conjunción copulativa “e”, visible en secuencias como “amava mucho los sabios e tenielos siempre consigo”, “cataron sus libros; cada uno segunt su razón” o “troxo el tablero con sus tablas contadas e puestas en sus casas ordenadamientre e con sus dados”. Este polisíndeton constituye uno de los rasgos más frecuentes de la prosa medieval y cumple funciones tanto cohesivas como rítmicas y amplificativas, ya que permite encadenar ideas, razonamientos y explicaciones de manera acumulativa, procedimiento muy característico de la prosa alfonsí.

La subordinación aparece introducida mediante nexos como “que”, “porque”, “si”, “quando” o “segunt”, visibles en estructuras como “porque lo quel convinié”, “si ventura oviesse”, “quando llegó el plazo” o “segunt su razón”. Especial importancia posee la conjunción causal “ca”, documentada en expresiones como “ca el que vivié por el seso fazié sus cosas ordenadamientre” o “ca esto era cordura”, muy frecuente entre los siglos XIII y XIV y progresivamente sustituida por “porque” en el castellano clásico. La presencia reiterada de este nexo constituye un importante marcador cronológico y demuestra que el texto conserva todavía estructuras sintácticas plenamente medievales.

Resulta especialmente significativa la presencia de la forma “desque”, conjunción temporal muy frecuente en el castellano medieval, equivalente al actual “desde que” o “cuando”. Procede de la fusión de la preposición “de” y el adverbio “ex que”, y aparece habitualmente en textos de los siglos XIII y XIV, especialmente en la prosa alfonsí y en la literatura doctrinal. Su uso demuestra que el sistema sintáctico medieval todavía conserva nexos complejos heredados del romance antiguo, anteriores a la simplificación y regularización de las estructuras conjuntivas del español clásico. La desaparición progresiva de “desque” se producirá a partir de los siglos XV y XVI, cuando comiencen a imponerse formas modernas como “desde que” o simplemente “cuando”.

La sintaxis muestra asimismo tendencia a la acumulación, a la amplificación y a la organización explicativa del discurso, visible en estructuras como “el que vivié por el seso fazié sus cosas ordenadamientre e, aunque perdiesse, que no avié y culpa”, “el qui las sopiere bien jogar que, aun que la suerte de los dados le sea contraria, que por su cordura podrá jogar” o “tomar del seso aquello que entendiesse omne que más su pro fuesse; e de la ventura guardarse omne de su daño”. Estas construcciones amplias y encadenadas reflejan una sintaxis característica de la prosa alfonsí, basada en la explicación razonada y en la subordinación acumulativa. El orden de palabras conserva todavía cierta libertad heredada del latín, aunque ya predominan estructuras próximas al español moderno.

En el plano léxico-semántico, el fragmento presenta un vocabulario claramente vinculado al ámbito sapiencial y doctrinal, propio de la prosa alfonsí de intención didáctica. Aparecen términos característicos como “seso”, “ventura”, “cordura”, “pro”, “daño” o “sabios”, relacionados con la reflexión moral e intelectual sobre la conducta humana. Asimismo, se documentan cultismos y latinismos en formas como “complidamientre”, “ordenadamientre”, “razón” o “afincadas”, propias de una lengua que comienza ya a funcionar como vehículo de pensamiento abstracto y exposición doctrinal. El texto desarrolla campos semánticos relacionados con la sabiduría, el juego y el razonamiento filosófico, visibles en palabras como “acedrex”, “dados”, “tablero”, “jogos”, “ventura”, “seso” o “cordura”, elementos que convierten el relato en una alegoría sobre la relación entre inteligencia, azar y prudencia.

La abundancia de abstracciones, tecnicismos o vocabulario especializado demuestra que la lengua funciona ya como vehículo de cultura y reflexión doctrinal, capaz de transmitir pensamiento abstracto y razonamientos complejos. Asimismo, determinados términos medievales como “seso”, “ventura”, “cordura”, “otrossí”, “algunt”, “complidamientre” o “jogar” constituyen importantes indicadores cronológicos, pues su uso comienza a desaparecer o a regularizarse progresivamente a partir del siglo XV, coincidiendo con la fijación lingüística y ortográfica del castellano clásico.

En conclusión, la convergencia de todos los rasgos analizados permite situar el fragmento dentro del castellano medieval alfonsí de la segunda mitad del siglo XIII. La conservación del sistema medieval de sibilantes, visible en grafías como ss, z o ç, junto con la presencia de F inicial latina, formas verbales medievales como “avié”, “podrié” u “oviesse”, construcciones sintácticas acumulativas y léxico sapiencial característico, demuestra que nos hallamos ante un estado de lengua claramente anterior al reajuste fonológico y a la regularización morfosintáctica de los siglos XV y XVI. Por tanto, el texto puede fecharse aproximadamente entre 1250 y 1285 y adscribirse plenamente al periodo de la prosa alfonsí, momento en que la lengua castellana presenta todavía una importante fluctuación gráfica y morfológica, aunque ya funciona como vehículo consolidado de cultura, pensamiento doctrinal y transmisión del saber.

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